Buscar

Acero, un insumo fundamental para la transición energética

Eslabón fundamental de la Economía Circular, de reciclabilidad infinita, el acero es la alternativa más sustentable para la transición hacia un futuro bajo en carbono.

Debido a las múltiples crisis que el mundo enfrenta, los mercados de productos básicos se están transformando como consecuencia de la pandemia, la guerra en Ucrania y los efectos del cambio climático. El conflicto entre dos grandes exportadores mundiales de productos básicos y recursos energéticos ha disparado aún más los precios de las materias primas. Rusia es el principal exportador de fertilizantes y gas natural, y el segundo exportador a escala global de petróleo crudo. Así, la crisis desatada por la guerra en Ucrania ha disminuido la oferta mundial de gas, aumentando los precios, al tiempo que también ha generado desafíos de abastecimiento. “No se sabe si los países van a poder contar con el gas que necesitan”, comenta Alejandro Wagner, director ejecutivo de Alacero.


Lamentablemente, en un escenario de crisis yuxtapuestas, las inversiones en nuevos formatos de energía quedan en segundo plano, dejándonos rehenes de los combustibles fósiles. A su vez, el aumento del costo de la energía hace que muchos países de la región necesiten importar más gas, encareciendo aún más la producción local y, como consecuencia, se pierde competitividad ante el mercado internacional.


Sin embargo, algunas iniciativas buscan diversificar las fuentes de energía y reducir la dependencia del gas ruso en 2/3 para finales de 2022. Para tal fin, necesitamos:


  • valorar la producción energética interna de cada país para no depender de mercados externos;

  • fomentar la producción de energía limpia (y sus inversiones) como estrategia para disminuir la actual demanda de forma sustentable;

  • mejorar los marcos regulatorios a través de reformas estructurales que reduzcan los impuestos y costos para producir energía limpia, mejorando así los costos de la energía y los combustibles para el transporte;

  • promover la cooperación entre los países de la región para ampliar el comercio intrarregional y el apoyo energético entre ellos;

  • mejorar la eficiencia energética.


La industria siderúrgica es, al mismo tiempo, consumidora y generadora de energía en su propio proceso productivo. En las últimas décadas impulsó un proceso de mejora de la eficiencia energética en sus plantas y ya ha promovido grandes reducciones de uso, fomentando beneficios para el medio ambiente y para su competitividad económica.


Por su característica de infinita reciclabilidad, el acero tiene un amplio potencial de descarbonización. Según datos de worldsteel, de los 1,8 millones de toneladas que se producen al año, se estima que 630 millones se utilizan como materia prima, evitando la emisión de 950 millones de toneladas de CO2. De manera que el mayor uso de fuentes de energía renovables es una forma de acelerar el proceso.


Según Wagner, vivimos tiempos de cambios sin precedentes que están redefiniendo la agenda del sector. “En América Latina tenemos dos grandes temas: el cambio climático y la geopolítica. Veo dos posibles caminos de solución: la innovación y las nuevas tecnologías, que son una oportunidad para acelerar procesos como la eficiencia energética y la descarbonización, fundamentales para que podamos afrontar el delicado escenario que estamos observando”, sostiene el director ejecutivo de Alacero.


¿Cuál es el escenario en América Latina?

Argentina posee la segunda reserva de shale gas más grande del mundo, sin embargo, las limitantes existentes en la capacidad de evacuación impiden un mayor incremento de la producción. Por eso, se importa gas durante el invierno, cuando se produce un pico de demanda (por gasoducto desde Bolivia y GNL en barcos desde otros países). De los US$ 1.000 millones que se gastaron en 2021 para adquirir gas extranjero, ahora se podría pasar a cerca de US$ 7.000 millones, si sigue la tendencia al alza del petróleo y del gas por el conflicto entre Rusia y Ucrania. En este marco, existen dudas relacionadas al abastecimiento de todo el gas que necesita el país en invierno, dada la falta de divisas y la fuerte competencia por este recurso en el mundo.


Brasil registró un pico en su importación como resultado del aumento de la generación eléctrica a gas a raíz de la crisis hídrica, por el intento en preservar los niveles de los embalses hidroeléctricos del país. De acuerdo datos del Ministerio de Economía, Brasil importó aproximadamente 12 millones de toneladas (Mt) de gas en 2021, casi el doble de los 6,2Mt del año anterior. Con el impacto del conflicto entre Ucrania y Rusia, en el año en curso el país sigue teniendo la necesidad de importar gas.


En Colombia, entre los insumos demandados por la industria del acero, la energía registró un crecimiento del 5,8% en el acumulado de este año, en comparación con el 2021. Se prevé un aumento de la generación acompañado de la suba de la demanda de energía, en línea con el avance del PBI. Además, se profundiza la fragmentación del escenario político de cara a las elecciones presidenciales. Las maquinarias mecánicas y de uso doméstico son los sectores que impulsan la demanda de acero. El primero de ellos incluye la incertidumbre política, ya que el aumento de tasas limitará la inversión privada este año, lo cual también se reflejará en la producción de maquinaria. El segundo sector es impactado por la inflación y el aumento de tasas moderará el crecimiento del consumo privado (debido al deterioro de la capacidad de compra de las familias), afectando negativamente la producción de equipamiento de uso doméstico. También se destacan el sector de la construcción, con estímulos a la compra de vivienda, y el automotriz, con crecimiento moderado y sesgo a la baja, por problemas de abastecimiento de autopartes relacionados con el conflicto en Ucrania.


México es uno de los tantos países cuya necesidad de importación de gas natural se ha incrementado en los últimos años a medida que ha sustituido el uso de otros combustibles más sucios para la generación de energía eléctrica, como el carbón, el aceite combustible o el diésel, por dicho carburante. El 72% de la oferta de gas del país es importada, proviniendo casi enteramente de Estados Unidos. El año pasado las importaciones mexicanas de gas natural estadounidense se expandieron un 7,2%, alcanzando un nivel récord de 5.950 millones de pies cúbicos diarios en promedio (mmpcd), pero representaron una proporción decreciente en las exportaciones estadounidenses, lo que hace más complejo su panorama para obtener mejores precios. En el marco del conflicto armado Rusia/Ucrania se prevé que Estados Unidos se convierta en el mayor exportador de gas natural licuado del mundo en el 2022.


¿Qué pueden hacer los países y los gobiernos?

En el mediano plazo, es decir, hasta el 2030, es fundamental poner en valor la producción energética nacional para evitar la dependencia de los mercados externos, fomentar la cooperación entre los países de América Latina, aumentar la participación de las fuentes renovables en la matriz energética, utilizar el gas natural como combustible de transición y continuar el desarrollo de programas de eficiencia energética aprovechando la revolución tecnológica y la digitalización.


Para ello, es necesario contar con incentivos y reglas predecibles a favor del desarrollo de las energías renovables por parte de los gobiernos, así como también es fundamental contar con tarifas competitivas de gas natural para maximizar la competitividad de la matriz energética, además de financiamiento público y privado para impulsar el salto tecnológico y la eficiencia energética.

Fuente: Alacero

7 visualizaciones0 comentarios