Dos caminos para desarrollo con inteligencia artificial
- Benoni Sanchez
- 24 nov
- 3 Min. de lectura
El Perú necesita convertir la IA en un motor de productividad para el país.

La inteligencia artificial dejó de ser promesa y se convirtió en infraestructura básica del poder económico. Pero el modo en que el mundo la desarrolle no está escrito: hoy se perfila una doble ruta.
De un lado, la estrategia norteamericana, centrada en grandes corporaciones, mega centros de datos y captura de mercados. Del otro, la propuesta china, que declara la IA como bien para toda la humanidad y convoca al Sur Global a desarrollarla en conjunto.
Una mirada global
La lógica estadounidense responde a su tradición: inventar tecnologías, proteger su propiedad intelectual y dominar cadenas de valor. La carrera por la IA se organiza alrededor de empresas que compiten globalmente, consumen energía equivalente a ciudades enteras y buscan que otros países dependan de su hardware, sus modelos y sus plataformas.
China plantea algo distinto. Desde el Plan de Acción para la Gobernanza Global de la IA, propone principios de beneficio compartido, inclusión y cooperación, con énfasis en que el Sur Global participe activamente en las reglas y aplicaciones de esta tecnología.
El punto clave no es solo económico, sino educativo. China viene incorporando la IA en la educación básica desde hace varios años y, desde 2025, Beijing hizo obligatoria la enseñanza de IA en todas sus escuelas públicas, con un mínimo de horas anuales desde primaria hasta secundaria, combinando uso práctico con reflexión ética. El objetivo es que la IA sea una nueva alfabetización, no un conocimiento reservado a élites.
IA para el país
Para el Perú, esta diferencia es crucial. Si asumimos la inteligencia artificial como simple mercancía extranjera, seremos compradores de licencias y servicios. Si la entendemos como bien público global y herramienta de desarrollo humano, necesitamos una estrategia nacional de formación que prepare a niños, jóvenes y trabajadores a convivir, trabajar y crear con IA. Eso implica intervenir en tres espacios: educación básica, educación superior y técnica, y en productividad laboral.
En educación básica, el reto es superar el modelo memorístico y recrear, con los estudiantes, la trayectoria tecnológica que nos llevó hasta la IA: era industrial, analógica, digital y ahora la era de los algoritmos. La robótica construccionista construir y programar máquinas simples, sensores, automatización permite que el alumno “haga” tecnología, no solo la consuma. Sobre esa base, la IA deja de ser magia y se convierte en continuidad digital.
En educación superior y técnica, la IA debe integrarse como herramienta transversal. Estudiantes de distintas especialidades, ingenieros, agricultores, emprendedores y otros, necesitarán manejarla para diseñar procesos más productivos, analizar datos y automatizar tareas. Aquí los chatbots educativos especializados, sistemas de tutoría con IA y plataformas de simulación pueden reducir brechas entre aprendizajes de calidad con otros memorísticos.
En el mundo del trabajo, la IA puede ser palanca de desarrollo y formalización si se orienta a que micro y pequeñas empresas la usen para optimizar sus procesos productivos. Automatizar inventarios, facturación, atención al cliente, mantenimiento predictivo o riego tecnificado, requiere soluciones adaptadas y personal capacitado. Esa formación continua puede apoyarse en sistemas como SAIA (Sistema de Aprendizaje con Inteligencia Artificial) que es un chatbot vía WhatsApp que acompaña a docentes y trabajadores en castellano y quechua.
Por eso, la discusión no es abstracta. La única forma de integrar la IA a la productividad, y de que incida en la reducción de la pobreza, es a través de la educación. Un país diverso como el Perú tiene una necesidad concreta: más de 7 millones de ciudadanos que hablan lenguas originarias deben acceder a la IA en su lengua materna, empezando por el quechua, que supera los 5 millones de hablantes.
Cooperación con China
China ha dicho claramente que considera la IA un bien para la humanidad y ha invitado al Sur Global incluido el Perú a trabajar en conjunto. Tomarle la palabra significa algo concreto: diseñar un plan nacional de formación en IA, aprovechar los mecanismos de cooperación existentes y orientar nuestra política educativa y productiva a construir capacidades propias.
La generación actual ya vive rodeada de IA. No usarla, no entenderla o no regularla, es quedar obsoletos. La disyuntiva para el Perú es clara: seguir siendo mercado de plataformas diseñadas por otros, o convertir la IA en herramienta de dignidad, productividad y movilidad social. Apostar por el enfoque cooperativo que propone China, sin renunciar a nuestra soberanía ni a otros vínculos internacionales, es una opción pragmática para que la IA, efectivamente, sea un recurso para toda la humanidad y no otro factor de exclusión.
Fuente: expreso.com.pe



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