El costo de seguir siendo un país primario exportador
Comparación con otros países de Latinoamérica

El Perú atraviesa un momento excepcional. Las exportaciones alcanzaron US$112,000 millones en los últimos doce meses y el Banco Central proyecta un récord de US$119,900 millones este año, impulsado por los altos precios de los metales. Pero la pregunta es si estamos aprovechando este ciclo para sofisticar lo que producimos y exportamos.
La evidencia sugiere que todavía no. Nuestra canasta sigue concentrada en productos primarios. El problema no es exportar recursos naturales, sino que esa riqueza no se traduzca en nuevas capacidades para producir y exportar bienes y servicios más sofisticados.
Una forma de medirlo es mediante la llamada complejidad económica. Una economía es más compleja cuando es capaz de producir y exportar una mayor variedad de bienes que requieren conocimientos, tecnologías y capacidades productivas difíciles de replicar y que, por ello, relativamente pocos países pueden producir. No se trata simplemente de agregar procesamiento a una materia prima: se trata de acumular conocimiento y capacidades que permitan hacer cada vez más cosas, y hacerlas mejor.
Los datos muestran la magnitud del desafío. Según la OCDE, el Perú se encuentra entre las economías latinoamericanas con mayor dependencia de productos básicos. Más del 55% de sus exportaciones de mercancías corresponde a productos primarios y otro 27.5% a manufacturas de tecnología media-baja. En contraste, las manufacturas de tecnología media-alta y alta representan apenas el 3.3%. Países como Costa Rica, México y República Dominicana presentan estructuras exportadoras con una participación considerablemente mayor de manufacturas tecnológicamente más sofisticadas. La OCDE también caracteriza al Perú dentro del grupo de economías de la región dependientes de commodities.

El problema no es solo cuánto exportamos, sino qué capacidades productivas reflejan nuestras exportaciones. Entre 2016 y 2023, el Perú cayó del puesto 109 al 123 en el ranking mundial de complejidad exportadora.
La relación que tiene con el empleo de alta productividad
Esto importa porque una economía poco sofisticada genera menos empleos de alta productividad. Más del 86% del empleo peruano se concentra en industrias de baja intensidad tecnológica, mientras las de intensidad media y alta representan menos del 2%. En contraste, el salario en industrias intensivas en I+D alcanza cerca de tres veces el promedio nacional. La sofisticación productiva se traduce así en mayor productividad, mejores empleos y mayores ingresos.
El problema tiene, además, una dimensión territorial. El Índice de Complejidad Exportadora Regional (ICER), publicado por el MEF, permite observar qué ha ocurrido con la sofisticación de las canastas exportadoras de las regiones peruanas durante la última década.
Los resultados son reveladores. Entre 2015 y 2025, 18 de las 26 regiones redujeron su complejidad exportadora. Los mayores retrocesos se registraron en Pasco (13.6%), Cusco (13.2%), Áncash (9.6%) y Arequipa (8.7%), mientras la brecha entre Lima y el resto de regiones aumentó.
El mensaje no es que la minería explique este retroceso, sino que el ciclo de recursos naturales aún no se traduce en una transformación significativa de las capacidades productivas regionales. Dar ese salto requiere trabajadores calificados, tecnología, innovación, infraestructura, financiamiento y capacidad empresarial.
Y allí las brechas peruanas siguen siendo considerables. La productividad laboral del Perú equivale apenas al 27% del promedio de los países de la OCDE, prácticamente el mismo nivel de 2016. El gasto en investigación y desarrollo alcanzó solo 0.2% del PBI en 2022, frente a 2.1% en la OCDE.

Sin esas capacidades es difícil desarrollar actividades intensivas en conocimiento y tecnología. Los países producen según las capacidades que tienen, pero también adquieren nuevas capacidades produciendo bienes cada vez más sofisticados.
El reto, entonces, no es exportar menos minerales, sino aprovechar esa riqueza para desarrollar capital humano, innovación, tecnología y nuevos encadenamientos productivos. Ello requiere reformas que remuevan las barreras a la inversión, la innovación y la adopción tecnológica, sin que el Estado tenga que escoger “sectores ganadores”.
El Perú tiene hoy una oportunidad excepcional. El éxito del boom no debería medirse solo por los dólares que genere, sino por las capacidades productivas que deje. El riesgo no es seguir exportando minerales, sino que, cuando termine el ciclo, sigamos produciendo y exportando básicamente lo mismo.
Fuente: peru21



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